Top Menu

Heart of the House by Silvia Delvigo


Las casas no son sólo paredes que constituyen habitaciones donde se amontonan muebles. Las casas son sus olores, sus sonidos, sus colores, sus sabores y, sobre todo, son las personas que las habitan.


Sobre Cavia y frente a la Plaza Alemania, en el barrio conocido como Palermo Chico, se levanta una casa que lleva el nombre de la calle.

Fue construida en 1927 por el arquitecto noruego Alejandro Christophersen, a quien le debemos la autoría de muchísimos edificios de nuestra ecléctica ciudad.

El edificio fue restaurado, preservando la esencia de principios de siglo XX, y simultáneamente se le dio un respetuoso y equilibrado giro contemporáneo, donde el tiempo parece detenerse y a la vez transcurrir en una sofisticada y avanzada modernidad.


Según el diccionario, "casa" es: una construcción cubierta destinada a ser habitada. Y Casa Cavia no sólo está destinada a este fin -aunque sea por el tiempo que dure una comida, una charla, un café-, sino que invita a hacerlo.

Cada anfitrión ha puesto sus talentos al servicio del espacio y la experiencia que supone atravesar su gran puerta de madera. Y es que en este espacio no sólo van a encontrar una cocina con propuestas variadas y novedosas, sino que habitan en sus muros una florería y una editiorial también.


El sábado gris nos empuja a un amigo y a mí al cálido refugio que ofrece Casa Cavia. Lo encuentro en algo que cabe entre mis manos: una taza de café.

El latte perfecto que Daniel -experto barista y amante de su oficio- me alcanza reconforta mis sentidos. Acompaño mi bebida con una tarta cremosa de limón y frutas frescas que, dependiendo de la estación, van variando. En esta ocasión son peras absolutamente deliciosas.


Mi amigo se decide por una masa quebrada, crema de almendras y manzanas asadas, una amalgama de sabores que al invierno le sientan de maravilla y acompaña su elección con una pomelada fresca y natural absolutamente energizante.

La mañana y sus tonos grisáceos transcurren con pereza allá afuera, mientras nosotros nos relajamos dentro, con buena música, un desayuno excepcional, y la calidez de los anfitriones de Casa Cavia; la excelencia en la atención no siempre tiene que ser sinónimo de distancia y trato impersonal. Lo que distingue este rincón de la ciudad de tantos otros es la calidad humana que suman a la experiencia de pasar un rato en este espacio.


En recipientes dorados y tablitas de mármol degustamos unos deliciosos petit fours. No puedo dejar de mencionar el producto que más me ha sorprendido de la casa: una golosina hecha de dulce de leche de forma artesanal (en un formato similar al de la Vauquita) envuelta en obulato. ¿Qué es el obulato? Es una lámina comestible transparente y ultrafina. A simple vista pensaríamos que es una bolsita de plástico, pero lo cierto es que es comestible (y apta para celíacos, dicho sea de paso) que desaparece en la boca casi al tocar los labios.
 
Es la suma de todos estos detalles, de todas estas sorpresas, de la pasión de quienes nos reciben y la curiosidad de quienes nos adentramos en sus rincones lo que hace de Casa Cavia una casa. Un lugar al cual volver. Un sitio familiar, pero que no deja de captar nuestra atención y de lograr que nos sintamos reconfortados y a salvo del bullicio y el movimiento constante de la ciudad de la cual somos parte.


Publicar un comentario

Fashion

Adventures

Art

Faves

Photography

Video

Copyright © The Merienda Club. Designed by OddThemes